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La poesía celebrante del juramento de la Independencia

17 jul 2016

Por Pedro Luis Barcia - Para LA GACETA - Tucumán

Como en otros motivos patrióticos, las voces concertadas en torno al 9 de Julio, estricta y coetáneamente, son de tres registros: a) la que imita a medias la voz gauchesca; b) la de voz popular urbana, que cantaba en las plazas festejando los hechos notables y c) la poesía engolada, de modalidad neoclásica.

En el primer registro, cabe destacar un “Cielito de la Independencia”, erróneamente atribuido por Martiniano Leguizamón a Bartolomé Hidalgo, pues su autor sería otro Bartolomé: Bartolomé Muñoz. Esta es la pieza más fresca y relevante de las dedicadas al motivo que nos centra, y que es una variante política del género inicialmente amoroso, pero mantiene una cierta hibridez en su índole de proyección folclórica

Aparece en este poemita una de las recurrencias poéticas en casi todos los textos del año: la insistencia en mantener la Unión entre los argentinos, vocablo que suelen escribir con mayúscula destacada Esta reiteración revela las tensiones intestinas que se vivían, y que los poetas que cantan el motivo, ven como amenaza mayor que pone en peligro el objetivo tan trabajosamente logrado.

En el segundo registro, el de la voz urbana, poesía de arte menor, y tono celebrante, registramos una “Canción” , que entona:

Porteños valerosos
cantad con alegría
de nuestra independencia
la bella lozanía.

Y retoma un estribillo aguerrido: “¡Gloria a los insurgentes/ muera la tiranía!”. Este, como los restantes textos, clama por mantener la unión entre los habitantes de “las desunidas Provincias Unidas”, como escribió San Martín.

En el tercer registro, el de la poesía de corte neoclásico, damos con más testimonios, aunque de escasa vuelo. Pero de lo que se trata es de considerar lo que hubo.

Un poema en malas cuartetas, “arrojadas al pueblo entre flores”, dice un comentario. Humildísimos abrojos, digo yo. Véase cómo la fuerza del consonante trae a cuento al déspota romano

Hoy a nuestra amada Patria
le damos el parabién,
pues consiguió con prudencia
saber del mal y del bien.
El patriota que de España
no jure emancipación
ejecuta con la Patria
las crueldades de Nerón.

Luego, colectamos un par de “Décimas”, “que se leían en los transparentes colocados en el arco bajo, del centro de la Casa consistorial, con motivo de la jura de la Independencia, el 13 de setiembre, llamado el Día Grande de Buenos Aires”. Adviértase que se habla del Día Grande Buenos Aires, sin la menor alusión a Tucumán.

Jurada la Independencia,
ya están todos obligados
a no vivir separados
para que tenga existencia.
La Unión es por excelencia
al cuerpo social debida.

En el mismo nivel de pobreza creativa, pero muy del gusto de la época, se asoman un par de “Acrósticos”, que ocultan y revelan en sus letras versales dos leyendas: “Viva el Congreso” y “Viva Pueyrredón”.

La primera, en el arranque, dice:

¿Veis que juramos hoy la Independencia,
invictos hijos del augusto río?
¿No veis en los semblantes la alegría,
gustoso al indio y al patricio ufano?
¿Risueño al niño, al viejo sin porfía,
Envuelto en gozo a todo Americano
solo el tirano en su feroz manía?
Obra son del Congreso Soberano.

Y retomando el elogio de Pueyrredón, salta una breve silva: “Al excelentísimo señor Director Supremo”: “Con augusta excelencia/ ya está jurada nuestra Independencia”:

Resuene en este día
colmado el orbe todo de alegría:
la Capital del Sud dando el ejemplo,
erige a la Razón glorioso templo.
Efecto de aquel rayo
arrojado por Jove el mes de Mayo,
que destruyendo la servil alianza,
a Hisperia exterminó toda esperanza.
Al fin, Americanos:
aquel sagrado bien ya publicado,
por la unión será un bien asegurado,
y en desunión, el bien de los tiranos.

Sorpresivamente, hallamos un “Soneto”, forma infrecuente por entonces, pues en su materia acotada no daba espacio para el largo aliento festejante.

Alerta, Americanos, las pasiones
son nuestros enemigos; no dudemos:
ved del encono solo los pendones.
Esta lid interior exterminemos,
venzamos nuestros mismos corazones,
y nuestra independencia lograremos.

Nos apena que ninguno de nuestros mayores vates neoclásicos vivos –hablo de Esteban de Luca, Juan Ramón Rojas, Juan Cruz Varela, Juan Crisóstomo Lafinur- acudió a la cita del día memorable para dejarnos su texto celebratorio. Y el resto de los poemas comentados aquí permanecen anónimos. Es una realidad anómala. Pareciera que lo que no pasa en Buenos Aires, no pasa.

Pedro Luis Barcia - Miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Academia Nacional de Educación.

*Fragmento de la ponencia del autor presentada en el Congreso del Bicentenario de la Independencia, celebrado en mayo pasado en Tucumán.


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