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Cuatro miradas: ¿qué país celebrará el Tricentenario?

03 jul 2016

Esta nota es parte de un número especial dedicado a las "Utopias argentinas", los modelos de país que imaginamos en 200 años de historia.

Distintas perspectivas responden la pregunta y se prestan al juego de imaginar y desear, desde hoy, el paisaje utópico de la Argentina del siglo XXII.

El paraíso de las estadísticas - Por Walter Sosa Escudero

-¿En serio? ¿Y cómo hacían allá en 2016?

-Y... había empresas privadas, think tanks, opinólogos. Pensá que Internet todavía competía con la radio, la tele y los diarios.

-Pará: ¿con más de 30% de inflación anual me decís que en 2016 se debatía sobre cómo medirla? ¡Es como discutir sobre el termómetro cuando el pibe vuela de fiebre!

-Y con la pobreza, ¡ni te cuento!

Es una linda tarde de verano de 2116 en Buenos Aires. Son las 17 horas y 30 minutos, la temperatura es de 30 grados centígrados, la humedad es del 95%, soplan vientos leves del noroeste y la presión atmosférica es de 1017 hectopascales. La pobreza cayó de 5,3567% a 5,356% en los últimos 30 minutos, no así los precios, que subieron un 0,0003%, según reporta el Indec.

Son complicados los centenarios. Raúl sabe que su vocación de historiador lo lleva a explicar cientos de veces las particularidades del lejano 2016, enterradas en un océano de datos innecesarios. Y que si bien no se logró resolver el problema de la inflación ni el de la pobreza, sí se le encontró la vuelta a la cuestión de los datos. Porque todo se puede medir al instante, y ya no tenemos excusas, y cuando aumenta el índice de pobreza es porque aumentó la pobreza, no como hace un siglo que no sabíamos si estábamos más cerca de Alemania o de Ruanda.

-¿Y el dólar?

-Je, ¡el dólar! Qué tiempos aquellos, ¿no?

Ahora son las 18. Está mas fresco y la pobreza también bajó un poquito: está en 5,355%. Ah, la humedad sigue en 95%. Porque algunas cosas no cambian nunca. Lo que sigue matando es la humedad.

Lo que somos, no lo que seremos - Por Claudia Piñeiro

Sueño con un 2116 en el que nos despertemos festejando la patria como adultos. En que los gobernantes a cargo no nos sigan prometiendo un futuro venturoso sino que den cuenta de todo lo que logramos. Que no dividan lo transitado en éxitos o fracasos según el gobierno de turno, sino que hablen de lo que conseguimos como producto de políticas que continúan de un período a otro, consolidando el trabajo anterior sin importar las banderas políticas. Que no usen las palabras como nuevos espejos de colores para tenernos de su lado, no más "felicidad", "alegría", ni siquiera "justicia social" utilizadas como promesas futuras, abstractas e inconmensurables, sino que hablen de los niveles de excelencia alcanzados por la educación pública, el descenso de la mortalidad infantil, el crecimiento del ingreso per cápita, la distribución más justa de la riqueza, las mejoras en el funcionamiento del sistema de salud. Que nadie nos ofenda hablándonos "como a Doña Rosa", ni "como a los niños para que entiendan todos", ni "como a clientes" después de un estudio de marketing. Que exijamos se nos trate como ciudadanos comprometidos con el país que hicimos entre todos en esos 300 años.

Un 2116 en el que hayamos dejado atrás la adolescencia colectiva que nos resultaba cómoda pero irresponsable, porque nos decidimos a crecer y hacernos cargo de nuestro destino, exigiendo a quienes elegimos para que nos representen que simplemente hagan bien eso para lo que les dimos mandato: gobernar nuestro país. Un día de sol, de festejo y de júbilo, con profundidad de conceptos, con riqueza de lenguaje, con argumentos e ideas. Un tercer centenario en que por fin festejemos lo que somos y no lo que seremos.

Un milagro educativo - Por Mariano Narodowski

Luego del triunfo del "Sí", Rio Grande do Sul formará parte de la Federación Argentina, como ya lo icieron la Banda Oriental y el Paraguay,

Este éxito político se basa en el desarrollo económico generado por los logros educativos que permitieron el predominio argentino en la economía global del conocimiento, aprovechando la división europea y el deterioro norteamericano como consecuencia de 50 años de "trumpismo".

Después de superar el denominado siglo oscuro de crueles dictaduras, gobiernos corruptos, aumento de la pobreza y una inédita caída en todos los indicadores educacionales, en el país se logró el cambio por medio de innovaciones que oy son norma mundial.

Argentina fue pionera en abandonar el viejo esquema escolar e implementar los dispositivos educacionales actuales, organizando la distribución de saberes de acuerdo al Proyecto PanSofía: se conservan los ideales de la modernidad, pero se modifica la jerarquía, los tiempos y los espacios escolares. Los argentinos convirtieron sus escuelas en centros pansóficos y ya se sitúan en los primeros puestos de los ránkings educativos internacionales. Quedan unas pocas escuelas, como el Nacional Buenos Aires, pero sólo son signo de un prestigio nostálgico en franca extinción, semejante al de quienes todavía escriben con la letra ache.

Es difícil comprender el famoso milagro educativo argentino. En los inicios del siglo XXI sólo podría entrar en la imaginación de algún educador ingenuo, mediocre y -sobre todo- muy delirante.

Del melodrama al método - Por Carlos Pérez

Supongo que el germen de una utopía argentina no podría sino abrevar en lo futbolístico. Pienso por ejemplo en una sociedad que asiste pasmada no a tres sino a, pongamos, once finales perdidas en forma consecutiva.

En ese estupor compartido, en ese infierno a lo Sísifo (llevar el balón hasta la línea de gol para verla volver eternamente), alguien postearía en su muro aquella frase de Federico Peralta Ramos: "Solamente consiguen un oasis aquellos que se bancan el desierto". Algún oportunista haría remeras y tazas con la frase, lo que desataría un extraño y epidémico fenómeno cultural. Habríamos dado con nuestro "Keep calm and carry on".

Saldríamos entonces del clóset para asumir definitivamente la aridez de la argentinidad y abjurar del individuo argentino. El genio, el prodigio, la rareza salvadora comenzarían a mirarse con desconfianza, quizás con un profundo dolor.

Abrazaríamos en silencio y con vergüenza el método. Por años nos sentiríamos grises, con síndrome de abstinencia al melodrama y a la gesta. "En esto nos hemos convertido -nos diríamos-, en una sociedad más." Hasta que un día, también pasmados, caemos en la cuenta de que llevamos quince años de descenso en el número de muertes en rutas o de que somos el país con más patentes de propiedad intelectual en América Latina.

La utopía: un argentino que cree que el beneficio individual que se obtiene de una acción colectiva es mayor al beneficio individual que se obtiene de una acción individual. A seguir caminando por el desierto. 

Fuente: La Nación


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