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Para Felipe Pigna, Manuel Belgrano es "el hombre del Bicentenario"

12 jun 2016

El historiador sostuvo que el prócer fue “el primero que pensó la Patria”.

El historiador Felipe Pigna estuvo en Santa Fe para presentar, en el marco del ciclo “Otoño Planeta”, su libro “Manuel Belgrano, el hombre del Bicentenario”, en una charla moderada por el periodista Nino Ramella que contó con la presencia de más de 700 personas. En diálogo con El Litoral, Pigna habló sobre el prócer, pero también sobre los grandes debates de la Argentina de estos días.

—Belgrano quedó un poco confinado históricamente como “creador de la Bandera”, pero su figura es mucho más amplia.

—Hay una mala praxis histórica de los especialistas, donde parece ser que San Martín nació, cruzó los Andes y murió, Belgrano nació, creó la Bandera y murió y Sarmiento creó el “Facundo” y murió. En el caso de Belgrano, particularmente, porque hizo cosas importantísimas. Yo lo denomino el “Hombre del Bicentenario”, creo que justificadamente, porque fue el primero que pensó la Patria. Él sabía que sus propuestas no iban a tener concreciones en ese contexto colonial, pero estaba escribiendo y pensando un país. Estaba pensando para adelante. En ese sentido, fue un pionero. El primer periodista argentino, porque empieza siendo corresponsal de un diario español y luego participa en la fundación de El Telégrafo Mercantil. Pionero de la ecología, hablando del medio ambiente, de la no contaminación de los ríos, del problema del talado de los bosques, de la rotación de cultivos. Todo eso lo escribe entre 1794 y 1810. Luego es un gran protagonista de la Revolución de Mayo. Es el hombre que intima finalmente al virrey con una amenaza personal, cuando dice: “Si a las tres de la tarde no renuncia, me comprometo a tirarlo por la ventana de la Fortaleza”. Ése es Belgrano. Luego de sus campañas, la creación de la Bandera, Tucumán, Salta, Éxodo Jujeño, está su participación en el Congreso de Tucumán como invitado especial. No era congresal, se lo invita porque venía de una misión diplomática en Europa. Todos los congresales presentes que han escrito memorias, coinciden en que su discurso del 6 de julio es determinante para que tres días después se proclame la independencia. En ese contexto es donde hace la propuesta del Rey Inca.

—Es interesante esto de que él sabía que muchas de sus propuestas no se iban a concretar durante su vida y pese a todo las defendió. ¿No es como un mensaje para la clase política de hoy?

—Es un mensaje en una botella. Particularmente para la clase política, pero para todos nosotros. De compromiso y generosidad. No hay generosidad mayor que la de aquel que hace algo que él mismo no va a disfrutar. Que sabe que no es para él, que es para el futuro. Por eso creo que es tan importante el agradecimiento mínimo que es el recuerdo, la memoria. Esta cosa tan empática de estar todo el tiempo pendiente del otro, disponible, atento al otro. Posponer lo personal en aras de un proyecto colectivo. Como San Martín, como Güemes.

—Este último, que está justo en el centro del debate.

—No tendría que haber ningún debate. No hay nada para debatir. Es uno de los patriotas más importantes que tuvo la Argentina: como lo reconoce San Martín, sin Güemes no hay cruce de los Andes.

—¿Hay figuras históricas que todavía estén relegadas?

—Güemes es un caso. Además hubo contra él todo un sector del liberalismo argentino, que armó el panteón nacional, y que directamente lo corrió por su carácter de gaucho, su condición de caudillo. Siempre le tuvieron miedo a Güemes, durante su vida. El poder porteño temía que apareciera un Artigas en el norte, entonces no le mandaban armas, lo marginaban. Y él lo sabía. Eso está muy presente en la correspondencia que mantiene con San Martín y Belgrano. Creo que es un caso emblemático, pero también Artigas es un caso que la historia argentina tiene que reivindicar tarde o temprano.

—Esa idea de rescatar a esos personajes es difícil ante convicciones tan instaladas? ¿Se puede concretar?

—Por supuesto. La idea no es decir que todo lo que se contó hasta acá es mentira y yo traigo la verdad: uno puede agregar otras miradas para que la gente saque conclusiones, ampliar los horizontes. No se trata de desterrar lo anterior, porque hay muy buena historia en la Argentina, con la que uno puede debatir, no estar de acuerdo. Pero hay que sumar.

—La historia argentina tiene mucho de esto de llegar y querer cortar con todo lo que se hizo...

—Eso se traslada a la política también. La idea de que todo lo anterior no sirve, empecemos de vuelta y así nunca empezamos. Con la historia pasa lo mismo. San Martín decía: “No critiques sin propuestas”. Belgrano es un especialista en ese caso.

—Es evidente que no se los escuchó bien.

—Te doy un solo dato: Belgrano propuso que el mejor sueldo del Estado sea el del maestro. No se lo escuchó. Pero estamos a tiempo. No hay que ser fatalista. La intención de este libro es que nos enteremos que tuvimos un personaje de los quilates de Belgrano, que hay propuestas que están por hacerse, que están a la espera de que se cumplan. Belgrano es el primer economista argentino. Trató todos los temas que se te ocurran en su época. Estaba hablando de un Virreinato que era mucho más grande que lo que es hoy la Argentina, que incluía a Bolivia, a Paraguay a Uruguay. Estaba hablando de un continente.

Fuente: El Litoral


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