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El sitial de presidente

La función era rotativa y duraba sólo un mes.

En “El Congreso de Tucumán”, su trabajo de 1912, Paul Groussac se ocupó largamente de las históricas reuniones. Sobre la presidencia, escribió que “las funciones presidenciales se renovaban mensualmente”, y por excepción Pedro Medrano, primer presidente, “agregó la última semana de marzo a su mes cabal de abril”.

En la primera sesión de cada mes, se elegían las autoridades. “A la feliz casualidad de haber ocupado el sillón durante el mes de julio de 1816, debe el honrado diputado por San Juan, don Francisco Narciso Laprida, gran parte de su celebridad (pues de su fin trágico en el Pilar nada se supo por muchos años); además de la gloria legítima que le toca por encabezar la lista de los firmantes del Acta inmortal, aparece ante el mundo (y así le designa Sarmiento en veinte lugares de sus obras) como ´presidente´ del Congreso de Tucumán”.

En realidad, “Laprida presidió un mes, ni más ni menos que su predecesor y sucesor inmediatos, los doctores Bustamante y Thames, de quienes nadie se acuerda”. El hecho de que fueran designados secretarios personajes como Juan José Paso y José Mariano Serrano, revela “la importancia primordial que a estas funciones se atribuía”. Considera probable que fueran estos, en realidad, “los principales autores de los manifiestos y comunicaciones del Congreso”.

Le parece probable también que el prosecretario, doctor José Agustín Molina, fuera el autor de los extractos de las sesiones que publicaba “El Redactor”. Como se sabe, el editor oficial era fray Cayetano Rodríguez, quien “solía zurcir a las actas verdaderos ‘editoriales’, amoldados al mal gusto enfático del tiempo, y desaliñados como todo lo suyo”.


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