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Diputado Tomás Anchorena

Alegó sus enfermedades, pero fue incorporado.

El diputado por Buenos Aires, doctor Tomás Anchorena, presentó sus poderes, junto con un certificado del médico Pedro Carrasco sobre su mal estado de salud. Decía Carrasco que “por el conocimiento que ha tomado de las dolencias del expresado doctor Anchorena”, le ha recetado “abstenerse da las contracciones de ánimo y literarias”. Pero el Congreso dispuso llamarlo a la barra. Anchorena, entonces, manifestó “el estado doliente e su persona”, y pidió que se lo tomara en cuenta. Pero el Congreso resolvió que “sin embargo de lo expuesto se le incorporase, poniéndole expresa constancia en el acta al cubierto de su responsabilidad”. Entonces, Anchorena prestó juramento y tomó asiento entre los diputados.

De acuerdo a la crónica de “El Redactor”, se leyeron las credenciales de los diputados riojanos Pedro Antonio de la Colina y Juan de Dios Villafañe, así como un escrito donde afirmaban que sus sentimientos “no eran otros que los de sumisión, respeto y obediencia a las soberanas disposiciones”, material todo que el Congreso dispuso reservar.

Además, Villafañe pidió permiso para volver a La Rioja, e influenciar a ese pueblo para que obedeciera al Congreso. La autorización se acordó, pero advirtiendo que no podía partir sin hacer previamente declaraciones ante una comisión especial. Además, tenía que presentarse al comisionado del Congreso, comandante Alejandro Heredia, antes de entrar a La Rioja, “por convenir así para el mayor esclarecimiento de este negocio y su más pronto remedio”.

Recalcaba “El Redactor” que no era de extrañar el interés que tomaba el Congreso en este caso de insubordinación, que “debía sofocarse en sus principios”.


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