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Hacia el Bicentenario de la Independencia

Este año se conmemora el Bicentenario de uno de los hechos fundacionales en la historia de nuestro país: la Declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816.

Las naciones son grupos de personas que viven en un mismo territorio, bajo una misma ley y gobierno, que por razones de convivencia desarrollan vínculos de solidaridad entre todos los que habitan en la extensión de ese territorio, pero también a través del tiempo. Somos consecuencia de los aciertos y errores de los que nos dejaron esta nación y seremos responsables de la que dejamos a nuestros hijos. La historia -nuestro pasado aunque no lo hayamos vivido- es parte de esa solidaridad que compartimos y que nos hace diferentes de otros.

La Declaración de la Independencia fue parte de un proceso traumático de constitución de un nuevo orden político en lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. La transición de un régimen colonial vigente durante tres siglos, sostenido en la legitimidad de un rey que tenía un mandato divino, a uno nuevo y distinto fue dura y difícil.

La revolución argentina se produjo en medio de una crisis de legitimidad en el mundo, desatada por las ideas de la Ilustración expresadas en la de Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, en 1776, y la de los Derechos del Hombre y Ciudadano, en Francia, en 1789, que proclamaron que todos los hombres son libres e iguales en derechos. Ello creó una nueva legitimad, la soberanía del pueblo que gobierna por medio de sus representantes en poderes que se dividen y controlan entre sí, como Moreno sostenía cuando escribía en La Gaceta de Buenos Aires sobre la misión del Congreso que convocaba la Junta.

Tras la crisis desatada en España con la doble abdicación de Bayona, el 22 de mayo de 1810, en Buenos Aires, el cabildo proclamó el antiguo principio castellano de que ante la vacancia monárquica la soberanía se había revertido a los pueblos. En medio de las guerras napoleónicas utilizó el argumento de las Juntas en España que se levantaron contra la dinastía bonapartista. En todo caso discutió la autoridad de la Junta Central, que no tenía mayor legitimidad que la que se formó en Buenos Aires.

La independencia en los Estados Unidos tuvo un clima de mayor tolerancia en Europa para las ideas liberales. Sin embargo, la Revolución Francesa y el terror del jacobinismo habían desprestigiado en Europa aquellos principios, y tras la derrota de Leipzig y Waterloo, el absolutismo se había restaurado y decidido a combatir todo intento republicano e independentista. Hacia fines del año 1813 Francia, derrotada en Vitoria, abandonó España, a la que volvió Fernando VII triunfalmente en 1814, sin aceptar la Constitución de Cádiz y condenando a quienes lucharon en su nombre.

Del mundo de las revoluciones se pasó al del la restauración. Ése era el mundo que enfrentaban los congresales de 1816.

Hispanoamérica vivía un tembladeral. La revolución, a punto de sucumbir. Se temía una expedición española para reconquistar las ex colonias, que finalmente no fue al Río de la Plata sino a Venezuela. A pesar del éxito de nuestra escuadra en el Buceo y la toma de Montevideo en 1814, se acentuó el conflicto con Artigas y su ruptura con el rechazo de sus diputados a la Asamblea del Año XIII. Los portugueses avanzaban por la Banda Oriental. De todos modos la Asamblea se declaró soberana dando señales indudables de constituir un orden independiente, símbolos, moneda, legislación y jurisdicción propios.

Tras el levantamiento de Fontezuelas y la caída del Directorio en 1815 se aprobó el estatuto que convocó a un congreso de las provincias que se reunió en Tucumán, nombró a Pueyrredón como director y, el 9 de julio de 1816, declaró la independencia.

Debe decirse que la reunión convocada por Artigas en Concepción del Uruguay en junio de 1815, a la que asistieron delegados de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, trató de lograr un acuerdo con el gobierno del Directorio en Buenos Aires pero no proclamó la independencia.

El marco en que el Congreso de Tucumán se iba a reunir era el menos propicio y las decisiones que debería tomar, extremadamente graves. El Ejército del Norte había sido derrotado en Sipe Sipe. Mientras que años antes, con el triunfo de Belgrano con el apoyo de la población de Tucumán se había logrado salvar la revolución, en 1816 los gauchos de Güemes aseguraban la frontera norte. En Chile, en Rancagua, los revolucionarios fueron vencidos y O'Higgins tuvo que cruzar la cordillera. La derrota de los revolucionarios era generalizada en el continente. Bolívar se había refugiado en Jamaica.

Quedaba sólo hacer explícita una independencia que ya existía de hecho desde 1810, armarse y luchar hasta el final para hacerla efectiva. Eso es lo que estaba preparando San Martín en Cuyo. Recién después cambiaría la suerte de la revolución asegurada por el triunfo de las armas conducidas por San Martín en Chacabuco y Maipú.

Este proceso fue muy difícil y complejo porque se trató de una transición traumática a un nuevo orden político. De un régimen absolutista asentado en creencias difundidas durante siglos se pasó a uno nuevo basado en los derechos del hombre que por ser libre era soberano pero que por vivir en sociedad debía delegar ese poder en forma limitada, por un tiempo y dividido en tres poderes que se controlaban, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial .

Los principios de la democracia representativa, de soberanía popular, constituyen los valores fundacionales que se postularon en mayo de 1810, en la Asamblea del Año XIII, en la Declaración de la Independencia de 1816 y en nuestra Constitución de 1853. Ellos conforman el acuerdo básico de convivencia intergeneracional de los argentinos. Al reafirmar esos valores, la Academia Nacional de la Historia realizará diversos actos conmemorativos, entre ellos las Jornadas del Bicentenario de la Independencia, que tendrán lugar los días 16 y 17 de mayo en Buenos Aires, en el Antiguo Recinto del Congreso Nacional, y un Congreso de Historia en la provincia de Tucumán los días 18, 19 y 20 de mayo, donde se presentarán importantes trabajos de investigadores extranjeros y locales.

Por Roberto Cortés Conde - Presidente de la Academia Nacional de la Historia
Para La Nación


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